domingo, 3 de abril de 2011

Dos tazas de café vacías.

Medio sueño por delante, cuatro lágrimas por detrás. Dos amaneceres tempranos, y alguien que grita en el silencio: "ya no puedo más".
No hay leyes, no hay leyendas, ni moralejas, ni el más sabio sabe explicarlo, es cerrar los ojos y llorar. Y en la más negra oscuridad, verlo todo con claridad. No quiero ver el final, cojo mi maleta, y no vuelvo más.
Y todo por unos simples números azules. Por una sonrisa falsa, y un frasco lleno de mentiras.
Tan solo es un sueño, y, como su nombre indica, no se cumplirá, dijo una voz dulce y comprensiva.
Nadie me avsó de que el dolor iba a ser mi rutina, nadie me avisó, de que un sueño, iba a doler.

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