sábado, 1 de enero de 2011

Olvido el olvido.

Abro la basura, tiro mis botas viejas, y me pongo las nuevas, veo volar a un simpático pájaro con un vuelo entretenido hacia su nuevo nido, crezco, mis sueños de niña se alejan, decoro mi casa son un dorado árbol de navidad, pasan las fechas de navidad, quito esta dorada decoración, viene el señor viento, se lleva los últimos recuerdos, y los echa sin piedad a donde habite el olvido, donde yo tan solo sea la memoria de una piedra enredada entre ortigas. El tiempo, cruel y despiadado abraza todo lo que existe, lo abraza muy fuerte, cariñosón, se lo lleva consigo, y yo me quedo esperando, siendo la mejor amiga de la paciencia, y no vuelve, y no vuelve, y  no vuelve.
He cogido de la mano a la paciencia, la he susurrado al oído que ya no la necesito, que no voy a seguir esperando y dejando que el tiempo me quite hasta lo que no tengo.
Me voy a ir a ver mundo, a buscar algo fuerte, tan fuerte que ni el tiempo se lo lleve, no habrá sitio en el olvido para ello.
Quise unir mi pasado y mi presente, pero me dí cuenta de que esas piezas de puzzle no encajaban.
Deposité con cuidado mi pasado en las manos del tiempo, y él, despiado con corazón congelado, sonrió y se alejó.
Mis ojos se congelaron, y mi corazón se paró.
Noté como una mano suave me cogía el hombro por la espalda, y mi corazón volvía a su monótona vida acompasada con las agujas del  reloj de mi muñeca.
Observé en silencio sus conocidos ojos y su simpática sonrisa, y antes de un cariñoso abrazo, un corriente "Hola" salido de su boca rasgó el silencio.
He encontrado algo para lo que el tiempo no existe, y el olvido, lo olvido.

Lara.

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